Suerte irlandesa

Después de 2 meses planeando toda una experiencia en Irlanda con mi ex novio, terminé planeándola con 2 veracruzanos 10 días antes de llegar. La fecha estaba elegida, había dejado mi carro, mi trabajo, prácticamente todo y las cosas se me estaban dando, así que no podía echarme para atrás y todo estaba listo para comenzar la aventura, excepto una cosa: el hospedaje.

Gracias a mexicanos como Lulú, Poncho y “Pikada”, llegué a una casa en la que habita un coreano, un uruguayo y tres sudafricanas. Allí comparto cuarto con alguien más. Es un cuarto pequeño, pero barato y perfecto para lo poco que estoy en casa y para empezar con una nueva vida.

CUARTO

Dublín es hermoso. Confieso que el primer día no me lo pareció tanto por el cansancio de las quince horas de viaje y por el enojo de tener que gastar mis euros en cobijas, almohadas, cubiertos, boleto mensual del autobús (91.50 euros) y todo lo necesario para poder vivir. Por esta vez, no los gasté en ropa ni en fiesta, ni en souvenirs, los gasté en lo necesario.

NECESARIO

Al segundo día, ya descansada y con todo lo básico que debía saber acerca de la ciudad, conocí a más detalle el centro y me enamoré de lo que vi. Fui recibida con días de sol, los cual no es muy común por acá (ya lo estoy comprobando), así que pude andar sin ningún problema. Por acá, las casas suelen ser al estilo inglés y todas iguales, hechas de ladrillos. Abundan las iglesias (son muy católicos) y los parques, que son hermosos.

CASAS

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Los irlandeses son amables. Cuando hablan contigo lo hacen de manera lenta para que les entiendas, pero si hablan entre ellos es como si lo hicieran en lengua céltica para mí (lo cual no es descabellado, ya que los señalamientos están en inglés y en celta), lo único que he podido entender es el “oh, yeah”, que suelen repetir muy a menudo, pero como eso no me va a llevar a ningún lado, haré lo necesario para afinar mi oído y entender el resto de sus conversaciones.

¿Qué si son guapos? hay de todo, a veces demasiado rubios para mi gusto, pero confieso que dos que tres veces me he quedado embobada viendo a algún chico castaño, de ojo verde, tez pálida, cuerpo fuerte… aunque no siempre son irlandeses, pues por acá, como se dice vulgarmente “hay de todos colores y sabores”, pero quizá no he querido observar tanto puesto que, en este momento no estoy disponible para cosas del corazón, ni para cualquier cosa que, signifique ligar.

¿Y las chicas? hay chicas bellísimas, con ojos verdes o azules divinos, cuerpos perfectos (hacen mucho ejercicio, así que tendré que ponerme a la altura) y se visten impresionantemente bien (bueno, hay una que otra con look raro). Sin embargo, a veces tienen un color raro de piel del cual ya entendí la razón: usan mucho autobronceador, así que latinas, sintámonos muy orgullosas de no tener que requerirlo, en verdad, somos afortunadas con el nuestro.

Apenas, al tercer día se me hizo caminar por la calle del Temple Bar, el cual es mágico, se siente la vibra de U2, jajaja, no es cierto, no como si estuvieras con ellos, sin embargo sí se siente el ambiente místico, relajado y de fiesta al más puro estilo irlandés. La buena música abunda (me refiero al rock,) y, obviamente, también abunda la cerveza.

TEMPLE BAR

Por otro lado, ya extraño varias cosas de México. En primera, la privacidad de, si me place, andar en ropa interior por toda mi casa sin ningún problema; en segunda, la limpieza. No todos son muy limpios en esta casa y la cocina es un desastre, por lo que, con todo y que no soy la mujer más hacendosa del mundo, estoy por hacer una limpieza general. Aquí casi todos los estudiantes vivimos compartiendo casa, depa o cuarto, pues las rentas no son precisamente muy baratas, así que solo si tienes mucho dinero o trabajas y te va demasiado bien, tienes un depa para ti solo.

Extraño también el contacto con mi gente. Dublín tiene seis horas de diferencia con México. De repente me despierto y quiero saludar a alguien, pero caigo en cuenta que por allá están dormidos y, cuando estoy llegando de la fiesta, ellos apenas van.

Tengo mil cosas qué contarles. Ya les hablaré de duendes, de hadas, de la fábrica de la cerveza Guinness, de los mitos, de la moda, de la fiesta y de todo lo que se puede encontrar por aquí y por otros países europeos. Mientras, sigo disfrutando de las cosas increíbles que me suceden. Estoy segura que tengo esa suerte irlandesa de la que tanto se habla.

PUENTE

 Pau Ocáriz

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