Desde el otro lado del mundo

Desde el otro lado del mundo llegan a mi mente recuerdos de viejos tiempos. La nostalgia decidió instalarse hace varios días y me tiene terriblemente sensible, lloro en cada oportunidad que tengo y me irrito.

Viene a mi mente esa sensación de vértigo que me acompañó durante todo el primer día al pisar tierra mexicana: aún me sentía en el avión. Hoy me doy cuenta que, apenas,  estoy realmente aterrizando.

Hace casi dos años lo dejé todo. Renuncié a los trabajos que tanto me apasionaban, vendí mi carro, dejé a mi familia y amigos y me despedí. Sabía que se aproximaba una experiencia que me iba a cambiar la vida por completo. Moría de miedo y bajé cuatro kilos del estrés de pensar en cómo me las iba a arreglar sola, en otro continente, hablando otro idioma y sin conocer a nadie. Pero el miedo siempre me ha inspirado a vencerlo y me encantan los retos.

Fue un año, siete meses. Fue planear mi regreso  para febrero o mayo de 2015 y en una semana arreglar todo para volver en diciembre de 2014. Mi vida  cambió totalmente en muy poco tiempo y estoy poniendo a prueba mi paciencia.

Es quizá que han sido muchas  pérdidas en tan solo 4 meses.  Es quizá que tengo sed de hablar, de contar de mis viajes, de mi experiencia, de mis logros, de mis fracasos, de todo lo que vi, de todo lo que sentí. Es quizá sentirme incomprendida por algunas personas, es quizá que siento que aún no termino de encajar.

Desde el otro lado del mundo, en una ciudad hermosa que se llama Morelia, disfruto la comida, ¡es deliciosa!, aunque aún mi cuerpo no se ha acostumbrado a comer  picante todos los días o cosas muy condimentadas. Sin embargo me importa muy poco, durante 1 año 7 meses extrañé el sabor de los auténticos platillos mexicanos, tanto, que cuando viví en Dublín desarrollé una rara obsesión: buscaba fotos de lo que más se me antojaba o miraba en youtube a algún chef ejecutando la receta, no para hacerla, simplemente por el placer de ver. Algo así como cuando ves la foto de alguien a quien extrañas mucho.

Desde donde aún me siento una extraña, confieso que dormir ha sido un martirio. Apenas hace menos de un mes que dejé de despertar todos los días a las 4.30 de la mañana, a veces durmiendo solo cuatro horas.

Desde el otro lado del mundo, la única respuesta que encuentro es que, simplemente, las cosas cambiaron, que yo cambié. El tiempo no se detuvo, la gente siguió con su vida. Esas últimas imágenes que tengo días antes de partir el 29 de mayo del 2013 no se parecen en  nada a la realidad de hoy. Hay vacíos, hay huecos en mi mente de todo aquello que me perdí estando ausente.

Y es que quizá, lo que esperaba era encontrar todo tal cual lo añoraba, tal como lo dejé. Pero algunos de los amigos tuvieron hijos y formaron una familia, se fueron a vivir a otra ciudad, encontraron más amigos o los lazos que nos unían ya no son tan fuertes.

Algunas leyes cambiaron y debo actualizarme, así como de todo lo que sucedió en el país y de lo que no me enteré, pues aunque trataba de estar al día en las noticias, había semanas en las que prefería alejarme cuando me sentía saturada de notas violentas, cosa que allá era muy raro encontrar.

Los lugares han cambiado también,  entonces es casi obligatorio preguntar si ese restaurante o ese bar aún tiene el mismo nombre aún existe o aún se encuentra en donde se encontraba antes. Es una paradoja: conoces algo y al mismo tiempo te resulta desconocido.

Desde aquí me pregunto dónde está mi casa y me contesto: “Mi casa está en todos esos lugares en los que he dejado el corazón. Ya no soy de aquí ni de allá. Soy Paulina, la que es de todas partes”.  Extraño vivir en mi propio lugar, preparar mi cena, llegar a la hora que quiera sin preocupar a nadie, caminar todos los días para ir a cualquier parte.

Busco el balcón, mi lugar favorito en el que me refugiaba cada vez que me sentía enojada,  triste o, simplemente, quería tomar el sol mientras veía a la gente pasar. Busco el parque y los cisnes, los días de fiesta, el sentirme segura caminando sola a las tres de la mañana.

Vuelvo a los viejos tiempos y la melancolía me atrapa al sentir tan lejos a Sandra, a Hilda, a Richie, a Gonzague, a  Jonathan, a Gaby, a Andrea, a Camilo, a Samuel, a Estrella, a Ana, a Marrie-Pierre y a todos aquellos amigos de los que aprendí algo, de quienes recibí apoyo incondicional.

Desde el otro lado del mundo, busco entenderme, apoyarme entre quienes están aquí para mí, contagiarme de la alegría de México, disfrutar de mi trabajo, valorar todo lo que tengo el día de hoy. Pregunto a los amigos que volvieron casi al mismo tiempo  y me siento un poco aliviada, comprendida, llego a la conclusión de que no estoy loca, de que es  totalmente normal. Dicen que se llama choque cultural reverso,  que tarde o temprano pasará y que, cuando eso suceda, estaré mucho más enriquecida, más plena, más sonriente y más fuerte.

Escrito con el corazón.

Pau Ocáriz

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8 comentarios en “Desde el otro lado del mundo

  1. Yo aún no me regreso, pero comparto lo que dices, porque para mi, los primeros seis meses fueron bastante torcidos, no me temrinaba por acoplar del todo, me sentía triste y sin ganas de ir a ningún lado, con esa tonadita en la cabeza de querer regresar a la brevedad a México, luego me di cuenta que al menos podría quedarme el tiempo mínimo para lograr un cambio, un año.

    No sé que pase cuando regrese, pero entiendo esa deshabitación de la que hablas, de aquella que te hace ya buscar nuevos horizontes y que no creo te deje conformarte con estar solo en un sitio, esperando lo “clásico” de la vida.

    • Gracias por tomarte el tiempo de escribir. Tal como lo dices tú. El irte también implica un proceso de adaptación y eso también es difícil. Y tienes toda la razón, después de una experiencia como esta, uno ya no se conforma con lo clásico.

  2. Quizás es choque o síndrome del viajero eterno, como sea…. Pero creó que es algo más que un choque, fué el lugar donde pusimos unas semillas solos sin nuestras familias. Y tampoco creo que sea dejar tus raices es simplente el deseo de donde uno quiere estar. Lo importante es buscar donde uno es feliz 🙂 Felicidades por externar tus sentimientos, uno solo muerde la lengua 😦

  3. yo también me identifico totalmente contigo, tengo año y medio que regresé y aún me siento extraña… he pasado por varias etapas, cuando recién llegué era toda la emoción de ver a mi gente de nuevo, la comida, el clima, mis amigos, etc.. pero al paso de los días y como bien lo comentas, te das cuenta que la vida también siguió adelante para ellos y que ahora las cosas son diferentes y la que debe llegar y adaptarse eres tú, sin embargo, tu también has cambiado y ahora nada te es suficiente… hay algunas decepciones al ver que amigos que creía muy cercanos, ya no lo son y que la gente que me buscaba tanto mientras estaba allá, ha perdido el interés ahora que he vuelto a ¨mi realidad¨… cada día extraño algo, los lugares, mis amigos, el clima, pero sobre todo, la sensación de estar cumpliendo un sueño, de experimentar la libertad y la sensación de poder lograr lo que uno quiera, la certeza de cada día habría una nueva aventura y la oportunidad de conocer algo nuevo o a alguien más que estuviera viviendo lo mismo que yo…
    Creo que nunca nos volveremos a sentir igual, pero espero que cuando ése choque cultural reverso pase, nos sintamos plenas y felices, agradecidas por lo vivido y listas para lo que venga.

    Saludos y un abrazo Pau!

    • ¡Hola Blanca! tus palabras tiene mucha razón y me identifico contigo. Después de una experiencia tan grande como lo es vivir en otro país, a veces nada te parece suficiente y, al igual que tú, extraño la sensación de estar viviendo y cumpliendo un sueño todos los días y todo lo que eso implica, sentirse más motivada, más contenta. Sin embargo creo que lo vivido y el presente nos harán mujeres muy fuertes y con mucha experiencia y estoy segura de que tendremos muchos más viajes, porque ya lo hicimos y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados. Un abrazo.

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