Perdón

Nunca me ha gustado sentir los pequeños agujeros que hace una taladradora en el corazón. Es horrible la sensación de miedo y de impotencia que sientes nada más de verla en el consultorio del dentista. Sabes que, en cualquier momento, él la tendrá en sus manos y que, por más anestesia que utilice, dolerá.

Llevaba días oyendo algo raro. Intentaba no prestar mucha atención, pero una noche me desperté al escuchar más claramente ese ruido único e insoportable del aparato. Fue así que me hice consciente de que éste me estaba ensordeciendo y no dejaba de propagar su eco por todo mi ser. Además,  estaba haciendo un profundo  hoyo en el corazón.

Odié darme cuenta que estaba lastimada y que había experimentado lo que era la deslealtad. Por si fuera poco, también estaba resentida, sentía una mezcla de tristeza y  rencor. Odié no sentirme en paz.

 

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Pensé que si no perdonaba podía pasar semanas, meses o, incluso hasta años con una herida abierta,  sintiéndome como cuando te caes y nadie te da la mano,  como cuando no puedes quitarte esa piedrita en el zapato o,  peor aún, como la sucesora de Paquita la del Barrio.

Y como nunca ha sido mi estilo cantar en el karaoke “rata de dos patas” y ni siquiera las más ardidas de Juanga o de Luismi, me di cuenta que para sentirme de nuevo bien conmigo misma la única opción que tenía era perdonar y hacerlo de corazón.

 

“¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona”. Henri Lacordaire 

 

Para perdonar

Cuando alguien a quien amamos o queremos tanto nos hiere,  duele hasta el rincón más escondido del alma y perdonar no es tan fácil. No es tan fácil porque muchas veces, lo primero que hay que hacer es perdonarnos a nosotros mismos porque permitimos, de alguna manera, que la persona nos lastimara, porque perdimos el equilibrio y el equilibrio es no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tú”.

Aceptar el enojo y todos aquellos sentimientos que produce la herida, tomarnos el tiempo necesario,  permitirnos sentirlos y enfrentarlos podría ser el primer paso para conseguir perdonar a alguien.

Aunque al principio parece que esos sentimientos no se irán, con el paso de los días su intensidad irá menguando y, aunque, de repente regrese ese ruido terrible de la taladradora, en algún momento desaparecerá, sobre todo si estamos seguros de que no merece la pena vivir con sentimientos que agujeran el corazón.

 

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El perdón comienza tomando la decisión de ver las cosas desde otro punto de vista. Buscar una nueva forma de pensar sobre esa persona que nos ha hecho mal puede ayudar. Al final de cuentas todos cometemos errores en esta vida y también,  al final de cuentas, si hemos querido tanto a quien nos hirió, seguramente es porque también vivimos cosas maravillosas a su lado.

Cuando perdonamos a alguien no significa que debemos reanudar nuestra relación de amistad, familiar o sentimental con esa persona. Lo importante es no quedarnos con el dolor de la agresión,  liberarnos de lo negativo que almacenamos en nuestro ser y liberarla a ella de las cuentas pendientes que pudiera tener con nosotros.

 

“La única forma de sanar es confiando. Un corazón roto significa que has intentado algo”.

 

Pau Ocáriz

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