Déjalo ir

“Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece”.

Jorge Bucay.

Aún recuerdo el día que tuve que empacar mis veintisiete años de vida en solo dos maletas. Faltaba solo una semana para mudarme a Dublín y mi cuarto estaba boca abajo. Ahora me río de mi exageración (he aprendido que perder lo material es lo de menos) ¡pero en ese momento era tan difícil tener que elegir entre mis vestidos, mis zapatos entre todo lo que estaba en mi habitación!

Sin embargo, en un lugar en el que viven muchísimos extranjeros, no te queda más que aprender a dejar de ser tan aprehensiva, pues te das cuenta de que lo más probable, si regresas a tu lugar de origen,  es que repetirás la escena de empacar lo material en un espacio limitado. Así que fluyes. Sabes que hay pruebas más grandes porque eres aún más consciente que los amigos y la gente con la que te encariñas, si son migrantes, tarde o temprano abandonarán la ciudad y quizá jamás los vuelvas a ver. Tienes que aprender a soltar. Y comienzas  a vivir en el aquí y el ahora.

Me atrevería a decir que la mayoría de los seres humanos tendemos a la resistencia. Sabemos que se acerca el final de un ciclo, que hay que soltar algo, dejar ir, decir adiós y nos cuesta  hacerlo. Quizá por miedo a lo desconocido, quizá porque nos encariñamos, quizá porque ni siquiera imaginamos que lo que viene puede ser, incluso, mejor. Y así, resistiéndose, muchas personas pueden pasarse una vida mediocre porque nunca se atrevieron a aceptar la fecha de caducidad de algo.

dejalo ir

Creo que la vida es un constante cambio. Todo tiene su momento  y su razón de ser. Cuando  una etapa se termina es preciso aceptarla y continuar, avanzar y evolucionar.  Se dice fácil, pero no lo es y por eso nos enojamos, nos ponemos tristes, intentamos hacer algo para que lo que parece inminente no suceda, hasta que comprendemos que no nos queda más que aceptarlo. Es decir, nos aferramos al pasado, nos aterrorizamos del futuro y decidimos hacer las paces con el presente y vivirlo.

Si un ciclo ya se acabó, permítete ser vulnerable, disfruta cada etapa del duelo (sí, hasta de llorar y estar triste), pero sobre todo, observa bien todo el aprendizaje que te dejó. Porque nada se acaba sin haberte dejado un sinfín de lecciones.

Y cuando seas consciente de todas esas enseñanzas, deshazte de todo lo que no cabe en tu maleta de viaje y  suéltalo para crecer y transformarte,  porque soltar es aceptar y soltar es decir “gracias”.

Pau Ocáriz

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