Confesiones treintañeras: ¿en qué momento se me ocurrió poner mi propio negocio?

“Habrá quienes no crean en tus sueños. Lo importante es que seas tú quien creas en ellos”.

 

“Paulina, ten paciencia” me dice mi papá más o menos una vez al mes, cada que me siento  en su escritorio y le digo que estoy  desesperada, que ya fue mucho tiempo (6 meses) y que no veo que las cosas salgan tal y como las quiero. Efectivamente, la paciencia no es mi don más explotado.

Lo sé, los expertos dicen que no comienzas a ver las utilidades de tu negocio hasta después del año de haberlo emprendido y te cuentan que es difícil, pero no te cuentan con lujo de detalle esta última parte. Hace dos meses estaba tan estresada de no ver ganancia y tener que volver a invertir todo que, de pronto, me di cuenta que tenía una contractura en la quijada tan fuerte que el solo tocarme la cara dolía. Fue allí cuando me di cuenta que estaba dramatizando un poco mi situación.

Realmente no me falta nada, tengo que comer, donde vivir, dinero para hacer ejercicio y para salir de vez en cuando, pero claro, ya no tengo un salario seguro ( y bajo). Sin embargo, por más que escuches que ser emprendedor requiere de paciencia, sacrificios, minuciosa planeación y muchísimo valor, nunca lo entiendes hasta que no lo eres.  

Sin embargo, me lancé al abismo. Cuando regresé a México, sanar de la depresión por la que estaba pasando me requería mucho apoyo de amigos y familia, así que decidí quedarme en Morelia, mi ciudad, y buscar un empleo que, simplemente, me ayudará a distraerme. Pasó el tiempo, sané, recuperé mi alegría y se fue la depre por amor, pero llegó la depresión por los salarios tan bajos (En Dublín me pagaban algo así como 16 mil pesos solo por ser recepcionista), por las escasas  vacaciones (en Irlanda dan 30 días al año) y por las condiciones laborales que no son tan buenas comparadas con las de otros países. Fue así que decidí renunciar a mis empleos  (con un poco de insistencia de mi papá) para seguir mis sueños y abrir mi propio negocio.

Muertos de miedo, mi amigo Rodri y yo nos asociamos para rentar una casa e instalar las oficinas. La pintamos, nuestros papás nos echaron la mano en todo lo que pudieron para que la casa quedara presentable y nuestro sueño comenzó a hacerse realidad.

Se escucha increíble ¿no? pues así de increíble fueron nuestras caras cuando mandamos pulir el piso y tuvimos que pagar cuatro mil pesos, cuando comenzaron a llegar las facturas de la renta, del teléfono, de la luz, cuando debimos surtir lo básico para que una oficina funcionara.

Y eso no ha sido lo único increíble, puesto que tuve que dejar ciertos lujos que me daba cuando tenía un salario seguro como planear las vacaciones de verano, ahorrar para un nuevo coche,  comprarme ropa o salir a cenar cada fin de semana con mis amigas. Incluso he optado por caminar una hora diaria, entre muchas otras razones más, para economizar en gasolina porque mi carro es de seis cilindros y no es muy barato mantenerlo.

Mis amigos, en ocasiones me miran con cara de “what”, intentando entender si en verdad mantener vivo un negocio puede ser difícil, sin embargo, me apoyan cuando les digo que vayamos al lugar más barato de Morelia a tomar un café ¿y qué decir de mi familia? son los primeros en apoyar cada una de mis locas ideas .

Pero tengo que confesar que,  en ocasiones mi vocecilla interna, esa a la que la paciencia no le llega, me dice: “Paulina ¿en qué momento se te ocurrió irte por el camino más difícil?”, “¿y si fracasas?”,  “¡qué oso lo que piensen los demás!”, “¿y si nunca puedes? ¿y si se va todo al carajo?”. Por fortuna llega al rescate mi propia luz y elijo ocuparme en lugar de preocuparme. Al final de cuentas, si algo no llega a salir exactamente como estaba planeado, algo aprenderé y siempre se puede volver a intentar. Decía Winston Churchill que “el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

emprend

Uno de los días en los que me dolía horrible la quijada, me encontré con un artículo de Playground que me llamó la atención. El artículo hablaba sobre NETFLIX y sobre el secreto de su éxito, pero hubo algo que llamó más mi atención y fue la fecha de su lanzamiento. NETFLIX se lanzó en 1997 como un servicio de alquiler de películas por correo. Durante los primeros años, dice la nota, los analistas pronostican que sería un fracaso. Es más, en 2005, Michael Pachter, analista financiero para Wedbush Morgan Securities llegó a decir que era un “pedazo de mierda sin valor alguno gestionado por gente muy maja”.

Han pasado casi veinte años para que esta empresa esté posicionada en el lugar en el que está y yo llevo seis meses. No cabe duda que todo es cubrir necesidades, tener buenas ideas, planear y ser persistente. Es bien difícil,  sin embargo, no puedo ocultar mi alegría cuando sé que puedo organizar el tiempo a mi manera.  Siento mariposas en la panza todos los días porque me apasiona lo que hago y porque mi creatividad no tiene límites por la misma razón. Ya no me quejo de lo que tengo que hacer,  ya no tengo un jefe al cual pedirle permiso. Soy yo la que decido y la que se pone sus propios límites. Ahora todo es creado por mí y es para m y confío más en mí misma. Es difícil emprender, pero al final de cuentas dicen que lo que vale la pena toma su tiempo y, para mí, a pesar de los sacrificios,  ya está valiendo la pena, de eso se trata la vida.

Pau Ocáriz

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4 comentarios en “Confesiones treintañeras: ¿en qué momento se me ocurrió poner mi propio negocio?

  1. De esos dias en los que tengo 30 y justo pensando en mi propio negocio, con mucho miedo y sin querer se atraviesa tu pagina y vaya que este post y el de los hijos me cayeron como anillo al dedo, Gracias por compartir !!!

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