Confesiones treintañeras: 3 razones para no tener novio.

Tengo 29 años y, en pocos meses, seré una orgullosa y feliz treintañera. Sin embargo, como suele sucedernos a los que atravesamos el tercer piso, últimamente me pasa que he comenzado a  reflexionar meticulosamente sobre cada aspecto de mi vida: lo que creo que he hecho mal, lo que creo que he hecho bien, lo que debería cambiar, lo que quiero, lo que ya no quiero  y entre tanto analizar, también me ha dado por cuestionar todas mis creencias, muchas de ellas relacionadas con las relaciones de pareja.

Sinceramente, he sido muy noviera. Desde mis 13 años hasta el día de hoy he tenido ocho novios. Con muchos de ellos he tenido relaciones sanas e increíbles, por lo que sé lo que es que dos personas se acepten, se respeten y se amen. Sin embargo, en los últimos años (inconscientemente) me dio por experimentar todo lo opuesto, así que, después de haber experimentado de todo un poco he entendido que una vida tranquila y “aburrida” es mucho mejor que una llena de dramas. Eso me ha llevado a varias determinaciones, por ejemplo, si considero que un hombre no me trata como creo que lo merezco,  se lo digo y, si persiste en su conducta,  automáticamente, me alejo de él. De igual manera, para decidirme a comenzar una relación con alguien no basta con que me guste y sienta mariposas en la panza, ahora sé que debo darme el tiempo de conocerlo más y de idealizarlo menos.

Este intenso análisis de mi vida, coincidió con un fenómeno bastante peculiar. Mucha gente a mi alrededor comenzó a hacerme preguntas sobre las razones por las cuales no tenía pareja. “¿Pau,  no has considerado que ya es tiempo de tener una relación?”, “Pau ¿no te da miedo quedarte sola y no casarte?”, “Pau, ya pasó más de un año, supéralo.  Deberías darte ya una oportunidad”.

Tengo que confesar que la opinión de los demás me hizo cuestionar mis creencias y a pensar en la posibilidad de estar equivocada con respecto a mi decisión de no querer un novio en este momento. “Quizá soy rara o ¿no habré superado ya mis traumas de la infancia?”,  “tal vez son los traumas nuevos…¿estoy traumada?”,  ¿o sí soy muy muy muy rara?”, me dije a mí misma, pero luego recordé  que tengo cientos de amigas y amigos aquí en México y alrededor del mundo que rondan la misma edad  y no siguen al pie de la letra con el mandato social.

 

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Fue entonces que empecé a sentirme bastante incómoda y como ya sabrás, “lo que te choca te checa”. Sentía un peso en el corazón y,  como suele suceder cuando hay algo que me causa tensión, aparecieron mis achaques: colitis, gastritis, dolor de cabeza, dolor de espalda y ganas de llorar. Algo andaba mal, pues el cuerpo grita lo que el alma calla y me estaba diciendo que aún había basura emocional adentro, así que me conecté conmigo misma durante varios días y, después de una semana de sentirme mal, por fin di con la causa y me sentí libre. De esta manera es como te comparto mis 3 razones para no tener pareja que, estoy segura son las mismas que las de muchas mujeres:

#3 Quiero disfrutar de mí misma

Luego de dieciséis años de tener novio tras novio (con breves descansos no mayores a 9 meses) y un año de separarme de alguien con quien viví 10 meses y de atravesar por un proceso de duelo en el que aprendí  muchísimo de mí misma, debo decir que me encanta disfrutar de mi soledad o, mejor dicho, de mi propia compañía. Me encanta darme el tiempo de leer todos los días, de estudiar una especialidad, de hacerme cargo de mi negocio, hacer ejercicio, meditar, escribir en mi blog, escribir mi libro, crear nuevos proyectos, disfrutar de mi familia y amigos, quedarme en casa de ociosa si quiero y seguirme conociendo más profundamente. Digamos que me encanta esta etapa porque quiero estar sola y conocer bien a mi nueva yo, disfrutarla y consentirla sin pensar, por el momento en alguien más.

#2 He decidido elegir a mi próxima pareja conscientemente.

Es decir, que no quiero elegir a mi compañero solo por sentir mariposas en la panza o elegirlo con mi niña herida. Prefiero una relación que inicie tranquilamente, en la cual él y yo nos dimos el tiempo de conocernos como amigos, sin poses, no una relación que surja apasionadamente y se vuelva una montaña rusa o se extingan las mariposas y dudemos de si se ha acabado el amor. Para mí, la percepción de novio ha cambiado. No necesito un novio para ser feliz, para que llene mis vacíos o para decirle al mundo que alguien me ama. Yo decidiré ser la compañera de alguien porque complementa y le aporta a mi vida y porque me sentiré libre de ser yo a su lado y viceversa.

Y la principal razón es:

#1 NO ESTOY LISTA

Lo escribo con letra mayúscula porque me sentí liberada cuando pude reconocerlo. Me causaban tanta presión las opiniones de la gente acerca de que ya debería salir con alguien o animarme a tener una pareja (como si elegir una pareja fuera elegir zapatos), que comencé a tratar de convencerme de que debía intentarlo, lo cual empeoró las cosas, porque, como decía Carl Jung  “lo que niegas, te somete y lo que aceptas te transforma” y allí estaba yo odiando cada invitación de algún hombre para salir y enojándome cada vez que algún pretendiente me buscaba, simplemente para platicar y, por otro lado, pensando que ya debería darme la oportunidad porque si los demás me lo decían, seguramente tendrían algo de razón.

Sin embargo, en el momento en el que acepté mi miedo y vulnerabilidad y me traté con cariño, acepté que no estoy lista, que aún tengo cosas qué sanar y que voy a mi ritmo. Cualquiera que haya vivido con un alcohólico sabrá que repararse toma su tiempo.

Por otra parte, reafirmé mi creencia de que uno no atrae lo que quiere, sino lo que uno es y que si quiero a un hombre a mi lado tal como lo tengo descrito en mi cuaderno de pensamientos, debo convertirme en lo mismo y yo, aún sigo sanándome. Tengo días de gran alegría y creatividad y en los que me siento la dueña del  mundo y tengo otros días en los que pago el precio de un intenso dolor temporal a cambio de trabajar en sanar las heridas que aún siguen abiertas, porque quiero ser la mejor versión de mí misma.

 

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Pau Ocáriz

 

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31 lecciones aprendidas este 2015

Cada año que se va es un ciclo que se cierra y cuando los ciclos terminan, podemos encontrar un montón de aprendizaje.

Se va un 2015 lleno de sorpresas, de personas nuevas, de estabilidad, de retos y de sueños que comienzan a concretarse, así como de algunos momentos difíciles, pero llenos de introspección. Les comparto lo que yo aprendí en este año que está llegando a su fin:

1.-Es de fuertes aceptar ser vulnerable y pedir ayuda cuando la necesitas.

2.-Una vida libre de drama y “aburrida” es realmente, grandiosa.

3.- Con el tiempo y las experiencias entiendes que la vida te brinda exactamente lo que tú le das, atrae hacia ti lo mismo que llevas por dentro y siempre te da señales, por eso debes estar siempre atento, para ver y escuchar con el corazón. También entiendes que siempre, de algún modo, la vida te ofrece muchos abrazos y, si no te resistes, todo fluye y es allí cuando se vuelve magia.

4.- Ayuda a alguien cada que puedas, siempre y cuando no ponga en riesgo tu bienestar emocional.

5.-He descubierto que cuando vivo aquí y ahora, dejo de atarme al pasado y de preocuparme por el futuro. Soy feliz.

6.- La vida nunca te quita algo, sin tenerte preparadas sorpresas maravillosas siempre y cuando hayas aprendido la lección.

7.- Al cuidar tu mente, cuerpo y espíritu, te dices a ti misma que te amas.

8.-Las mejores relaciones son las que comienzan en calma.

9.-Escucha y confía en tu intuición, ella tiene las respuestas.

10.-“Si le interesas a alguien, no tendrás dudas”, si alguien que te interesa parece que no está disponible, es que no está disponible.

11.-No comiences una nueva relación si aún no has sanado la vieja o si la persona que te interesa, no lo ha hecho.

12.-Deja de intentar salvar o rescatar a alguien. Para eso existen los psicólogos.

13.- “Todo lo que ahora tenemos es lo que necesitamos”.

14.-El amor no se busca. El amor siempre ha estado allí. Al elegir pareja, asegúrate de que sea para compartir amor. Encárgate de llenar tú sola tus vacíos en lugar de andar buscando quien lo haga. Tu felicidad y bienestar son tu responsabilidad, no de los demás.

15.-Entre más me amo a mi misma y más sana esté emocionalmente, atraigo personas iguales a mi vida y más fácilmente me alejo de las personas tóxicas.

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16.- En el silencio, podrás escuchar lo que tu alma y corazón te quieren decir. La meditación cambia tu vida.

17.-Aunque a veces las noticias nos dicen lo contrario, hay mucha gente de buen corazón en el planeta.

18.-Si tienes problemas contigo misma, los tendrás siempre con los otros.

19.- “Como tratas a los demás es como te sientes en el interior”. Las personas que tratan mal a los demás, tienen escasez de amor.

20.-Eres lo que piensas y lo que crees. Si deseas que algo suceda, es tan sencillo como creértelo.

21.-Agradece todo lo que tienes, desde tu casa, tu cama, lo que comes a diario y verás que la magia empieza a aparecer.

22.- “Suelta el deseo de tener la razón, aunque la tengas”, eso te traerá mucha paz.

23.-Alejarse de personas tóxicas y poner límites a los demás es también una muestra de amor propio.

24.-Todas las crisis son oportunidades para crecer. El dolor trae consigo aprendizaje.

25.- Cuando enfrentas lo que te da miedo,  te das cuenta que eres imparable.

26.- Si tienes que forzarlo, probablemente no va a salir de la mejor manera. Deja que las cosas fluyan.

27.- Cuando eres consciente de lo que vales, los demás también se dan cuenta.

28.-Ser emprendedora no es nada fácil, tienes que esforzarte mucho y verás que, en un principio no hay utilidades y si quieres ganar más en tu negocio, debes invertirle más, pero vale la pena.

29.- “Si te choca, te checa”. Los demás son nuestro reflejo.

30.- Si ya no vibras con cierta gente o con ciertas actividades o lugares, no hay necesidad de que permanezcas en eso. Suéltalo. Aléjate.

31.- Cuando sueltas aquello que llevas cargando y comienzas a viajar ligero, eres libre.

Si estamos bien, vamos a contagiar a los que nos rodean. Les deseo un 2016 lleno de bienestar.

Pau Ocáriz

10 mejores momentos en Dublín

En repetidas ocasiones la gente me pregunta qué tiene de especial Dublín para haberla elegido a como mi hogar durante un año, siete meses y yo les respondo que solo estando allí te podrás dar cuenta de la razón por la cual es tan mágica.

Gente cálida, buen ambiente, buena vibra, seguridad, fiesta todos los días, libertad, ambiente internacional son algunas de las razones que hacen de Dublín una ciudad especial con la que te encariñarás por el resto de tu vida. Así que para que se den aún más una idea de lo increíble que es conocerla, les cuento mis mejores momentos durante el tiempo que permanecí allí para que se atrevan a conocerla.

10-Partido de Rugby

El Torneo Anual de Rugby de las Seis Naciones es como el equivalente a La Copa América. Los ciudadanos de Inglaterra, Francia, Irlanda, Italia, Escocia y Wales enloquecen en esa temporada y los pubs están llenos de gente viendo los partidos. Aunque cuando se trata del campeonato nacional, los irlandeses también se emocionan demasiado. Yo no me quedé con las ganas y fui a dos partidos de rugby. Claro está que tuve que leer bastante antes del día del evento para poder entender las reglas de este deporte que son algo complejas, pero la experiencia es increíble (y os jugadores guapos y fuertes).

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9-Dicey´s Garden

En Dublín nunca termina la fiesta y por eso, los martes y/o domingos en Dicey´s Garden son los días perfectos para encontrarse con amigos y ahorrarse varios euros, pues todas las cervezas están a mitad de precio. El lugar cuenta con 4 pisos en los que puedes ir a echarte una buena plática o ir a bailar. En verano es increíble, porque entras de día (a las 9 pm aún está clarísimo) y sales de día (a las 4 am ya está amaneciendo).

8-Grafton Street

La calle de las bandas, de los músicos, de los artistas, de las estatuas vivientes y de quien tiene un talento especial. La calle favorita de muchos dublineses y visitantes, la calle que te hace sentir que es increíble vivir en esa ciudad, se llama Grafton Street y lo mejor del caso es que estaba muy cerca de mi casa. Pasar por allí diario era todo un placer, sobre todo si estaba tu banda favorita, en el caso de muchas, Keywest.

7-La Calzada de los Gigantes

No se encuentra en Dublín, pero sí aproximadamente a cuatro horas. Visitar Belfast y tener el privilegio de ver los clásicos paisajes verdes llenos de vida es de las mejores cosas que uno disfruta en Irlanda. Mi experiencia por la Calzada de los Gigantes y el Puente Colgante fue increíble. Las grandes rocas que te hacen sentir diminuta, el verde del pasto, el azul del agua, las flores, los borregos, son cosas inolvidables para quienes amamos la naturaleza.

6-Oktoberfest

Si no puedes asistir al festival de la cerveza en Munich, Alemania, puedes disfrutar de su extensión en Dublín. Si bien, no se compara con el original en magnitud, sí te das una ligera idea de cómo es y pasas un agradable momento tomando cerveza alemana, siendo atendido por las meseras  con el típico traje alemán, disfrutas de la gastronomía del país germánico y escuchas una banda en vivo que interpreta polkas, rock & roll y música comercial y hasta terminas bailando La Macarena.

5-Halloween

Para quienes no lo saben, Halloween tiene sus orígenes de la festividad céltica considerada como Año Nuevo Celta y llamada “Samhain”. Caminar por las calles de Temple Bar en la noche del 31 de octubre (y por todo Dublín) es sentirte en un desfile de disfraces. Chicos y grandes se han preparado con semanas de anticipación  para llevar el disfraz más original, desde una Barbie metida en su caja, hasta el ser más monstruoso que se pueda imaginar. Las fiestas en pubs, casas y antros comienzan días antes de la celebración original y se extienden hasta dos días después. Dublín se convierte un lugar en donde habitan seres mágicos por la noche.

Aquí en México, muchos católicos critican a quienes se disfrazan y/o celebran Halloween. En Dublín, La Catedral de San Patricio y la Catedral de Nuestro Señor Jesucristo, se pintan de morado para conmemorar esta fecha.

4-Sant Patrick´s Day

O como le llaman los irlandeses “Sant Paddy´s”. Aunque el objetivo primordial implícito de esta fiesta nacional  es disfrazarse con elementos verdes y alcoholizarse desde mediodía hasta la madrugada, el desfile es increíble y el ambiente internacional, de lo mejor. Es una de esas fiestas que ninguna persona joven, que ama la fiesta, se debe perder.

3-Día de la independencia de México

Escuchar el Himno Nacional o Cielito Lindo en el extranjero cuando llevas meses o años lejos de tu tierra, provoca que, en muchas ocasiones, la melancolía se adueñe de ti, se te haga un nudo en la garganta  y se te escapen algunas lágrimas. Y si vas a la ceremonia del Día de la Independencia organizada por tu Embajada, en donde ves bailes típicos, escuchas mariachi, te encuentras con cientos de paisanos y el sentimiento nacionalista lo traes al doble, la fiesta mexicana puede convertirse en una de las mejores de tu vida.

2-Visita a cualquier pub de la ciudad

Ya sea The Bernard Shaw, Porter House, The Quays, The Oliver St. John Gogarty,  Temple Bar Pub, No Name Bar, The Hairy Lemon, The Church, The Grand Social y cientos más, visitar un pub en esta ciudad y tomartes unas buenas pintas de cerveza, no tiene precio. La música en vivo, el ambiente irlandés y la buena vibra hará que los ames y no vuelvas a ver los bares con los mismos ojos.

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1-Partido de futbol México-Brasil

Uno de mis sueños era asistir al  Mundial de Futbol  Brasil 2014, sin embargo, mis posibilidades económicas no me lo permitieron. Pero eso no fue impedimento para sentirme como en el país carioca. Con miles de brasileños que habitan en Dublín, se imaginarán que era como sentirse en una extensión de la Copa del Mundo, pues los pubs estaban llenos de brasileños.  El día del partido México-Brasil, ese en el que Memo Ochoa paró la mayoría de los goles. Fui con varios amigos mexicanos al Living Room, un pub especial para ver juegos deportivos. Estábamos rodeados de cientos, o quizá miles de cariocas, pero como es de saberse, el ambiente mexicano es único a pesar de que el brasileño no se queda atrás. Les dejo un video nada más para que se den una idea.

Pau Ocáriz

Alma Gemela

“Hay quienes dicen que si conoces a alguien y tu corazón late con fuerza, tus manos tiemblan y tus rodillas se vuelven débiles, no es la persona indicada. Cuando tú conoces a tu alma gemela, sientes calma. Nada de ansiedad, nada de agitación”.

El corazón se me ha roto varias veces. Aún tiene pequeñitas cicatrices que puedes observar solo si las miras muy de cerca. Algunos dicen que, a veces de ellas aparecen los miedos. Sinceramente, no me importa que te acerques tanto, que puedas verlas. Estoy orgullosa de ellas porque, antes de volverse cicatrices, fueron experiencias que me hicieron sentir  vulnerable, que me hicieron sentir más humana.

Es increíble cómo las personas podemos elegir entre utilizarlas para volvernos débiles o para sentirnos más fuertes.  Supongo que, al igual que a mí, las tuyas te han vuelto más fuerte y creo que, cuando llegue el momento,  no tendrás miedo de que me acerque para admirarlas, porque ¿sabes?  Tienen su parte de hermosura, nos hacen ser lo que hoy somos.

Quisiera contarte que, el otro amanecer, quieta, en mi cama, cubierta por las sábanas y con el cabello despeinado, reflexionaba. Pensaba que pasa el tiempo, pasan los años, pasa la vida. La gente busca aquí y allá, compara, prueba, desecha.  Busca el amor como cuando busca la comida de la semana. Busca con hambre, busca con prisa. “No vaya a ser que el amor se me escape”, dice.

La mayoría hacen el amor. O eso es lo que dicen. “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten y, así, progresivamente van volviendo a ser lo que no son” (Cortázar, p.46).

Muchos de ellos se casan por inercia, porque todo el mundo lo hace, porque se aferran a una persona.  Y, con el paso del tiempo, se quedan allí, muertos en vida, existiendo, no viviendo, pagando un precio para no quedarse solos. Porque es muy duro lidiar con uno mismo cuando por dentro hay un vacío y los pensamientos se vuelven eco que retumba por todos los sentidos.

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Es por eso que yo no te busco. Ni que fueras un producto que se vende en las tiendas.  No te busco porque sé que algún día, en algún lugar y a su debido momento nos reconoceremos. He imaginado que, en cualquier instante,  te veré correr deprisa por la calle o leyendo un libro debajo de un árbol y, por aquellos accidentes del destino terminaremos hablando.  Pero también me gusta pensar que ya te conozco, que quizá ya estás en mi vida y que, sin darnos cuenta, lento, a cuentagotas, dejaremos que el amor fluya. Porque creo en lo más profundo que, si las almas aún no están listas, no pueden reconocerse.

Mientras llega el momento, cuido de mí, me hago sonreír, me hago la vida de colores, porque cuando nos reconozcamos habremos abierto muy bien los ojos del corazón. Seremos cómplices, compañeros de aventuras y desventuras. Tendremos tanto amor, que no necesitaremos pedirlo, sino decidiremos compartirlo.

Pau Ocáriz

 

 

 

 

Todo a su tiempo

 “La prisa mata”, decía Hamid mientras atravesábamos el Sahara montados en nuestro dromedario. Y desde ese entonces, cada vez que siento ansias o me desespero, repito esa frase en mi cabeza.

Es increíble cómo vivimos en una sociedad de inmediatez. Nos desesperamos si la computadora no prende rápido; dejamos de leer instrucciones importantes para ahorrarnos minutos; en lugar de comer saludablemente y hacer ejercicio, nos matamos de hambre y somos capaces de tomar productos dañinos para adelgazar porque queremos ver resultados rápisísimos y nos ponemos como locos si las palomitas del whatsapp están en azul y no nos contestan enseguida.

Qué decir de cuando nos gusta alguien. En lugar de tomarnos el tiempo de conocer a la persona, apresuramos las cosas para volvernos “algo más” y a veces, por desesperados, arruinamos lo que a largo plazo pudo haber sido distinto. Y no se diga de la presión que les hacemos a quienes tienen ya más de treinta años para casarse o a los que están casados para tener hijos porque es lo que dicta la sociedad.

El mundo lleva prisa. Visualizamos nuestros sueños y, en lugar de disfrutar el camino hacia ellos  nos obsesionamos tanto con llegar a la meta lo más rápido posible y nos estresamos porque, soñando siempre con el futuro, no vivimos el presente.  Y nos perdemos de instantes increíbles. Parecemos  típicos niños pequeños a bordo de un automóvil preguntando “¿ya vamos a llegar?”

Creo que la mayoría de las cosas buenas van a su ritmo, sin ser apresuradas. Ni lento, ni rápido, simplemente a su ritmo.

 ¿Qué tal si el día de hoy disfrutamos del camino que perseguimos para conseguir nuestros sueños? ¿qué tal si nos olvidamos de la prisa y nos dedicamos a vivir el presente tal cual es y nos entregamos totalmente a él para construir el futuro que queremos?¿qué tal si dejamos que todo fluya y disfrutamos de la magia que nos da la vida?

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Pau Ocáriz

Déjalo ir

“Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece”.

Jorge Bucay.

Aún recuerdo el día que tuve que empacar mis veintisiete años de vida en solo dos maletas. Faltaba solo una semana para mudarme a Dublín y mi cuarto estaba boca abajo. Ahora me río de mi exageración (he aprendido que perder lo material es lo de menos) ¡pero en ese momento era tan difícil tener que elegir entre mis vestidos, mis zapatos entre todo lo que estaba en mi habitación!

Sin embargo, en un lugar en el que viven muchísimos extranjeros, no te queda más que aprender a dejar de ser tan aprehensiva, pues te das cuenta de que lo más probable, si regresas a tu lugar de origen,  es que repetirás la escena de empacar lo material en un espacio limitado. Así que fluyes. Sabes que hay pruebas más grandes porque eres aún más consciente que los amigos y la gente con la que te encariñas, si son migrantes, tarde o temprano abandonarán la ciudad y quizá jamás los vuelvas a ver. Tienes que aprender a soltar. Y comienzas  a vivir en el aquí y el ahora.

Me atrevería a decir que la mayoría de los seres humanos tendemos a la resistencia. Sabemos que se acerca el final de un ciclo, que hay que soltar algo, dejar ir, decir adiós y nos cuesta  hacerlo. Quizá por miedo a lo desconocido, quizá porque nos encariñamos, quizá porque ni siquiera imaginamos que lo que viene puede ser, incluso, mejor. Y así, resistiéndose, muchas personas pueden pasarse una vida mediocre porque nunca se atrevieron a aceptar la fecha de caducidad de algo.

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Creo que la vida es un constante cambio. Todo tiene su momento  y su razón de ser. Cuando  una etapa se termina es preciso aceptarla y continuar, avanzar y evolucionar.  Se dice fácil, pero no lo es y por eso nos enojamos, nos ponemos tristes, intentamos hacer algo para que lo que parece inminente no suceda, hasta que comprendemos que no nos queda más que aceptarlo. Es decir, nos aferramos al pasado, nos aterrorizamos del futuro y decidimos hacer las paces con el presente y vivirlo.

Si un ciclo ya se acabó, permítete ser vulnerable, disfruta cada etapa del duelo (sí, hasta de llorar y estar triste), pero sobre todo, observa bien todo el aprendizaje que te dejó. Porque nada se acaba sin haberte dejado un sinfín de lecciones.

Y cuando seas consciente de todas esas enseñanzas, deshazte de todo lo que no cabe en tu maleta de viaje y  suéltalo para crecer y transformarte,  porque soltar es aceptar y soltar es decir “gracias”.

Pau Ocáriz

Sin cambios no hay mariposa. Nueve meses después de Dublín III

 “Es justo durante nuestros momentos más oscuros que debemos concentrarnos en ver la luz”.

Buda.

15 de septiembre del 2015

Es martes, me levanto a las cinco y veinte de la mañana para entrenar a las seis. La gente suele decir que estoy loca por hacer ejercicio tan temprano. Opto por responder que es más sencillo hacerlo a esa hora. Sin embargo, la verdadera razón por la que lo hago es precisamente porque lo odio (vaya, quizá sí estoy loca). Me he pasado una vida entera diciendo que lo peor que podría sucederme es  tener que levantarme a las cinco de la mañana todos los días, pero ¿de qué manera puedo demostrarme a mí misma que puedo con todo lo que me propongo?

Al poner un pie fuera de la cama me siento satisfecha, pues el primer reto del día está cumplido. Preparo mis cosas y me voy caminando al “Box”. Comienza la rutina, sudo, me quejo, me tiembla el cuerpo y después de un inmenso desafío físico y mental termino y me siento fuerte. Pienso que el ejercicio, junto con la meditación, mi programa de radio, la creación de mi empresa, el calor de la familia, el apoyo de amigos, la lectura y mi más reciente viaje, han influenciado la toma de decisiones importantes en los últimos meses.


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Son las cuatro. Me preparo para mi programa de radio que comienza dos horas más tarde y sonrío porque el día de hoy, que cumplo nueve meses de haber vuelto a México,  tendré dos grandes invitados y eso me pone aún más feliz. Pasan los minutos y siento alegría y nostalgia a la vez. Hace dos años que no festejaba un Día de la Independencia en mi país, pero echo de menos las celebraciones en Dublín, que eran increíbles.  Aunque eso de comer pozole me hace olvidarlas por un momento. Luego, vuelvo a ese tema que me estuvo rondando la cabeza semanas pasadas y me tenía en gran angustia. Me digo a mí misma:

“Estoy donde quiero estar y elegí permanecer en México. Hoy, quince de septiembre, perdí voluntariamente mi  vuelo de regreso a Dublín y soy feliz”.

Miro hacia atrás y ya no me duele. Pasan por mi mente aquellos días en Dublín con nostálgica alegría. Ya no siento ganas de llorar, ya no hay tristeza, ni enojo, ni dolor. Recuerdo con ternura esos tiempos en los que había ruinas y no sabía ni por dónde empezar. Ahora veo lo que he construido con fortaleza. Estoy agradecida con la vida, por los buenos y malos momentos que me han traído hasta aquí. Me río un poco y me siento afortunada de ser esa loca chica con mil aventuras vividas y otras mil que le faltan por vivir. El aprendizaje se queda en mi corazón y la ilusión vuelve: una empresa exitosa, un automóvil nuevo, un lugar en el cual vivir sola, más viajes alrededor del mundo y que algún día el amor llegue otra vez.

Emocionada, pienso que quiero ser la mejor versión de mí misma y trabajo en ello día con día. No es fácil, mucho menos cuando hay que lidiar con tantas sacudidas. Pero puedo con eso y más. Me lo he demostrado. He logrado superar retos difíciles a lo largo de mi vida.

No me queda más que volver a agradecer esas sacudidas que me han servido para despertar, que me han servido para cambiar. Porque hay que recordar que las sacudidas son cambios y sin cambios… no hay mariposa.

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Pau Ocáriz