Tenemos la pareja para la que nos alcanza

“Las chanclas vienen en pares y los tacones, también”, le platicaba a un amigo. Había escuchado un programa de Martha Debayle en el que se hablaba de cómo nuestra pareja es nuestro espejo y reproducía las palabras de la conductora y su invitado, Rubén González, para explicarle que si la mujer que pretendía era inestable, posesiva, celosa e insegura, no era casualidad y le cuestionaba que si él aseguraba haber aprendido las lecciones de la vida en sus relaciones anteriores y ser el hombre que cualquier mujer desearía tener, ¿por qué entonces se identificaba con una mujer tan “opuesta”?

“Siempre hay un roto para un descosido”

Constantemente escucho a las mujeres decir “todos los hombres son iguales” “es un cabrón, tenía que ser hombre” y a los hombres mencionar “todas las mujeres son interesadas” o “las tratas bien y solo te ven como amigo, mejor hay que tratarlas mal”. Todos culpan al otro de su desgracia, repiten patrones y no se quieren dar cuenta de que atraen lo que son, que esa persona con quien mantienen una relación de “amor” es su espejo y les está dando mucha información sobre lo que deben trabajar de sí mismos.

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Mi experiencia

Hace no muchos ayeres estuve sumergida en un ciclo repetitivo de patrones muy negativos a la hora de escoger pareja. Hombres celosos, inseguros con máscara de seguros, inestables, mujeriegos, con tendencia al alcohol y miedo al compromiso, de esos que desde que ves por primera vez no te puedes resistir a ellos, son seductores y te enganchan.

Al terminar la primera relación de esa etapa de mi vida, acusé al susodicho de no tener sentimientos y ser un canalla mentiroso. La segunda vez duró muy poco y no entendía por qué la vida me hacía toparme con alguien a quien, simplemente terminé considerando como una mala persona. La tercera vez, caí en depresión y comprendí que no era la vida, no era él, no eran los otros dos, era yo y si quería dejar de agujerar mi corazón, vivir en paz y elegir mejor, tenía que hacerme responsable de mí misma, de mi lado oscuro y cambiar.

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¿Qué hice?

Obviamente no fue y no ha sido fácil, a veces, esa parte no sana quiere tomar acción de nuevo y es necesario estar alerta, ser honesta conmigo misma y reflexionar. Los cambios requieren de mucho trabajo personal, tiempo, paciencia y disciplina, pero valen la pena.

Esta fue la manera en la que yo decidí “tomar al toro por los cuernos”:

1-Tomé terapia psicológica, y lei y asistí a talleres de desarrollo personal.

2.-Disminuí mi consumo de alcohol, pues me parecía una broma querer a un hombre responsable en el consumo de esta sustancia si yo no lo era.

3.-Mejoré mi autoestima, pues a pesar de que creía que era alta, me di cuenta de que había cosas que tenía que trabajar, ya que me costaba poner límites y decir que no, lo cual me impedía mostrarle a una pareja que me tenía que tratar con mucho respeto.

4.-Desarrollé mi espiritualidad y decidí hacer de la meditación algo constante, de manera que siempre estoy en contacto conmigo misma.

Dicen por allí que “si no aprendes la lección, la vida te la repite”. Si sigues estancada en el mismo patrón de hombres y relaciones destructivas, sería bueno que analizaras qué necesitas trabajar en ti para atraer personas sanas emocionalmente.
Conviértete en la persona que quieres tener como pareja y eleva tu autoestima (no tu ego). Recuerda que “aceptamos el amor que creemos merecer”.
A ti ¿para qué te alcanza?

Pau Ocáriz

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Confesiones treintañeras: 3 razones para no tener novio.

Tengo 29 años y, en pocos meses, seré una orgullosa y feliz treintañera. Sin embargo, como suele sucedernos a los que atravesamos el tercer piso, últimamente me pasa que he comenzado a  reflexionar meticulosamente sobre cada aspecto de mi vida: lo que creo que he hecho mal, lo que creo que he hecho bien, lo que debería cambiar, lo que quiero, lo que ya no quiero  y entre tanto analizar, también me ha dado por cuestionar todas mis creencias, muchas de ellas relacionadas con las relaciones de pareja.

Sinceramente, he sido muy noviera. Desde mis 13 años hasta el día de hoy he tenido ocho novios. Con muchos de ellos he tenido relaciones sanas e increíbles, por lo que sé lo que es que dos personas se acepten, se respeten y se amen. Sin embargo, en los últimos años (inconscientemente) me dio por experimentar todo lo opuesto, así que, después de haber experimentado de todo un poco he entendido que una vida tranquila y “aburrida” es mucho mejor que una llena de dramas. Eso me ha llevado a varias determinaciones, por ejemplo, si considero que un hombre no me trata como creo que lo merezco,  se lo digo y, si persiste en su conducta,  automáticamente, me alejo de él. De igual manera, para decidirme a comenzar una relación con alguien no basta con que me guste y sienta mariposas en la panza, ahora sé que debo darme el tiempo de conocerlo más y de idealizarlo menos.

Este intenso análisis de mi vida, coincidió con un fenómeno bastante peculiar. Mucha gente a mi alrededor comenzó a hacerme preguntas sobre las razones por las cuales no tenía pareja. “¿Pau,  no has considerado que ya es tiempo de tener una relación?”, “Pau ¿no te da miedo quedarte sola y no casarte?”, “Pau, ya pasó más de un año, supéralo.  Deberías darte ya una oportunidad”.

Tengo que confesar que la opinión de los demás me hizo cuestionar mis creencias y a pensar en la posibilidad de estar equivocada con respecto a mi decisión de no querer un novio en este momento. “Quizá soy rara o ¿no habré superado ya mis traumas de la infancia?”,  “tal vez son los traumas nuevos…¿estoy traumada?”,  ¿o sí soy muy muy muy rara?”, me dije a mí misma, pero luego recordé  que tengo cientos de amigas y amigos aquí en México y alrededor del mundo que rondan la misma edad  y no siguen al pie de la letra con el mandato social.

 

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Fue entonces que empecé a sentirme bastante incómoda y como ya sabrás, “lo que te choca te checa”. Sentía un peso en el corazón y,  como suele suceder cuando hay algo que me causa tensión, aparecieron mis achaques: colitis, gastritis, dolor de cabeza, dolor de espalda y ganas de llorar. Algo andaba mal, pues el cuerpo grita lo que el alma calla y me estaba diciendo que aún había basura emocional adentro, así que me conecté conmigo misma durante varios días y, después de una semana de sentirme mal, por fin di con la causa y me sentí libre. De esta manera es como te comparto mis 3 razones para no tener pareja que, estoy segura son las mismas que las de muchas mujeres:

#3 Quiero disfrutar de mí misma

Luego de dieciséis años de tener novio tras novio (con breves descansos no mayores a 9 meses) y un año de separarme de alguien con quien viví 10 meses y de atravesar por un proceso de duelo en el que aprendí  muchísimo de mí misma, debo decir que me encanta disfrutar de mi soledad o, mejor dicho, de mi propia compañía. Me encanta darme el tiempo de leer todos los días, de estudiar una especialidad, de hacerme cargo de mi negocio, hacer ejercicio, meditar, escribir en mi blog, escribir mi libro, crear nuevos proyectos, disfrutar de mi familia y amigos, quedarme en casa de ociosa si quiero y seguirme conociendo más profundamente. Digamos que me encanta esta etapa porque quiero estar sola y conocer bien a mi nueva yo, disfrutarla y consentirla sin pensar, por el momento en alguien más.

#2 He decidido elegir a mi próxima pareja conscientemente.

Es decir, que no quiero elegir a mi compañero solo por sentir mariposas en la panza o elegirlo con mi niña herida. Prefiero una relación que inicie tranquilamente, en la cual él y yo nos dimos el tiempo de conocernos como amigos, sin poses, no una relación que surja apasionadamente y se vuelva una montaña rusa o se extingan las mariposas y dudemos de si se ha acabado el amor. Para mí, la percepción de novio ha cambiado. No necesito un novio para ser feliz, para que llene mis vacíos o para decirle al mundo que alguien me ama. Yo decidiré ser la compañera de alguien porque complementa y le aporta a mi vida y porque me sentiré libre de ser yo a su lado y viceversa.

Y la principal razón es:

#1 NO ESTOY LISTA

Lo escribo con letra mayúscula porque me sentí liberada cuando pude reconocerlo. Me causaban tanta presión las opiniones de la gente acerca de que ya debería salir con alguien o animarme a tener una pareja (como si elegir una pareja fuera elegir zapatos), que comencé a tratar de convencerme de que debía intentarlo, lo cual empeoró las cosas, porque, como decía Carl Jung  “lo que niegas, te somete y lo que aceptas te transforma” y allí estaba yo odiando cada invitación de algún hombre para salir y enojándome cada vez que algún pretendiente me buscaba, simplemente para platicar y, por otro lado, pensando que ya debería darme la oportunidad porque si los demás me lo decían, seguramente tendrían algo de razón.

Sin embargo, en el momento en el que acepté mi miedo y vulnerabilidad y me traté con cariño, acepté que no estoy lista, que aún tengo cosas qué sanar y que voy a mi ritmo. Cualquiera que haya vivido con un alcohólico sabrá que repararse toma su tiempo.

Por otra parte, reafirmé mi creencia de que uno no atrae lo que quiere, sino lo que uno es y que si quiero a un hombre a mi lado tal como lo tengo descrito en mi cuaderno de pensamientos, debo convertirme en lo mismo y yo, aún sigo sanándome. Tengo días de gran alegría y creatividad y en los que me siento la dueña del  mundo y tengo otros días en los que pago el precio de un intenso dolor temporal a cambio de trabajar en sanar las heridas que aún siguen abiertas, porque quiero ser la mejor versión de mí misma.

 

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Pau Ocáriz

 

Alma Gemela

“Hay quienes dicen que si conoces a alguien y tu corazón late con fuerza, tus manos tiemblan y tus rodillas se vuelven débiles, no es la persona indicada. Cuando tú conoces a tu alma gemela, sientes calma. Nada de ansiedad, nada de agitación”.

El corazón se me ha roto varias veces. Aún tiene pequeñitas cicatrices que puedes observar solo si las miras muy de cerca. Algunos dicen que, a veces de ellas aparecen los miedos. Sinceramente, no me importa que te acerques tanto, que puedas verlas. Estoy orgullosa de ellas porque, antes de volverse cicatrices, fueron experiencias que me hicieron sentir  vulnerable, que me hicieron sentir más humana.

Es increíble cómo las personas podemos elegir entre utilizarlas para volvernos débiles o para sentirnos más fuertes.  Supongo que, al igual que a mí, las tuyas te han vuelto más fuerte y creo que, cuando llegue el momento,  no tendrás miedo de que me acerque para admirarlas, porque ¿sabes?  Tienen su parte de hermosura, nos hacen ser lo que hoy somos.

Quisiera contarte que, el otro amanecer, quieta, en mi cama, cubierta por las sábanas y con el cabello despeinado, reflexionaba. Pensaba que pasa el tiempo, pasan los años, pasa la vida. La gente busca aquí y allá, compara, prueba, desecha.  Busca el amor como cuando busca la comida de la semana. Busca con hambre, busca con prisa. “No vaya a ser que el amor se me escape”, dice.

La mayoría hacen el amor. O eso es lo que dicen. “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten y, así, progresivamente van volviendo a ser lo que no son” (Cortázar, p.46).

Muchos de ellos se casan por inercia, porque todo el mundo lo hace, porque se aferran a una persona.  Y, con el paso del tiempo, se quedan allí, muertos en vida, existiendo, no viviendo, pagando un precio para no quedarse solos. Porque es muy duro lidiar con uno mismo cuando por dentro hay un vacío y los pensamientos se vuelven eco que retumba por todos los sentidos.

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Es por eso que yo no te busco. Ni que fueras un producto que se vende en las tiendas.  No te busco porque sé que algún día, en algún lugar y a su debido momento nos reconoceremos. He imaginado que, en cualquier instante,  te veré correr deprisa por la calle o leyendo un libro debajo de un árbol y, por aquellos accidentes del destino terminaremos hablando.  Pero también me gusta pensar que ya te conozco, que quizá ya estás en mi vida y que, sin darnos cuenta, lento, a cuentagotas, dejaremos que el amor fluya. Porque creo en lo más profundo que, si las almas aún no están listas, no pueden reconocerse.

Mientras llega el momento, cuido de mí, me hago sonreír, me hago la vida de colores, porque cuando nos reconozcamos habremos abierto muy bien los ojos del corazón. Seremos cómplices, compañeros de aventuras y desventuras. Tendremos tanto amor, que no necesitaremos pedirlo, sino decidiremos compartirlo.

Pau Ocáriz

 

 

 

 

Las de 30 los preferimos así

Y aquí me encuentro, sentada sobre el sillón, con una cerveza al lado para conseguir inspiración para mi próximo proyecto. Mientras tanto, pienso y le digo a mi mamá que, a mis casi 30 (así les llamo a mis 29), no me arrepiento de cómo he llevado mi vida, pues al fin y al cabo he hecho lo que he querido. Cada idea loca que se me mete en la cabeza no sale de allí hasta no verse materializada. Y es por eso que he logrado viajar dentro y fuera de mi país, he conocido culturas distintas, tengo amigos en todo el mundo y he creado mis propios proyectos. Sencillamente, estoy enamorada de mi vida. Me siento satisfecha. La idea de hacer todo lo que me gusta y pensar en mí primero se debe a que cuando sea una viejita canosa y arrugada quiero mirar atrás y decir “qué increíble vida tuve”, pero para no irme tan lejos también se debe a que si hay algo que me provoca aberración es ser como esas personas grises que con el paso de los años se lamentan de las decisiones que tomaron y de lo que no hicieron en su vida. A mis casi 30, ya me llaman, de repente, “señora” (sobre todo los taxistas y “viene viene”); recuperarme de las desveladas me toma una semana (y no se diga si me pasé de copas); prefiero una buena cena acompañada de una copa de vino y de alguien que tenga una plática interesante, en lugar de una borrachera en el antro; he adoptado buenos hábitos de alimentación y ejercicio porque amo mi cuerpo y quiero llegar sana y guapísima a mis 40´s (y seguir así en las siguientes décadas); me ha quedado muy clara la importancia de ahorrar y de invertir bien mi dinero y, en pocas palabras, sé exactamente lo que quiero y lo que no. En cuestión de amores, he conocido hombres increíbles y también me he topado con verdaderos patanes, ya estuve casada sin papeles y ya no me cuezo al primer hervor. Analizo a quienes se casaron más jóvenes, a quienes ya tienen hijos y a quienes siguen como yo, para sacar lo mejor de cada ejemplo y concluyo que las mujeres que rondamos los treinta o ya los tenemos nos hemos vuelto más exigentes, pues ya no basta con  que el susodicho nos guste, tenga una bonita sonrisa y nos haga reír para que lo elijamos como pareja, hace falta más. chica.enamorada #1 Que sea un verdadero hombre. Con las buenas y malas experiencias que hemos coleccionado, las treintañeras llegamos a un punto en el que nos sentimos tan plenas con nosotras mismas que si alguien quiere acompañarnos, es bienvenido a nuestro mundo para compartir. Sí, tal cual, así que descartamos cualquier “adulto” que se comporte como niño o al cual haya que educar para hacerle ver lo que es el sentido común y así vamos tachando de la lista a los hombres infieles, posesivos, celosos, inseguros,  borregos, alcohólicos e irresponsables.

#2 Que reconozca lo que valemos. Ya hemos tenido parejas en las que la pasión se desborda al ritmo de una montaña rusa. Sin embargo, ya entendimos que esa sensación no nos llevará a nada que valga la pena, por eso queremos compartir nuestra vida o una parte de ella con un hombre sano emocionalmente, uno que sea seguro, que sepa el valor de la fidelidad y la lealtad y que sepa muy bien lo que quiere;  que no titubeé y que sea de los que saben lo que tienen y no tienen que esperarse a perderlo para valorarlo.

#3 Que sepa la importancia de tener ahorros Dicen que el dinero no importa ¡pero claro que sí importa! no se puede vivir solo de amor, si no ¿cómo se pagarían los gastos de la casa, las consultas del doctor, las medicinas, las vacaciones? El que hombre y mujer tengan sus ahorros y no vivan al tope de lo que ganan, habla de estabilidad y madurez. Así que si nosotras lo hacemos, esperamos que nuestra pareja también.

#4 Que sea competitivo A esta edad en la que ya hemos acumulado incontables experiencias de vida, en la que trabajamos y tenemos nuestras propias cosas, un hombre tiene que retarnos mentalmente, tener conversaciones inteligentes e interesantes, hacernos reír, tener la humildad de no creerse perfecto, pero saber que puede mejorar en todos los aspectos de su vida, ser protector, detallista y tener la confianza de hablar de sí mismo y de pedir también lo que necesita, contagiarnos para seguir desarrollándonos y no tener miedo a opinar distinto a nosotras.

#5 Que hable con hechos A las mujeres nos encanta escuchar palabras bonitas y eso, los hombres lo saben perfectamente y le sacan provecho. Claro, un cumplido nunca estará de más cuando es sincero. Pero llega un momento en el que más que poner atención a las palabras, una pone más atención a los hechos y es cuando una llega a adoptar la filosofía de “le duro lo que usted me cuide y le creo lo que usted me demuestre”. A los casi treinta o en toda esta década, elegir a una pareja basadas en las mariposas que revolotean en tu estómago, como cuando éramos adolescentes, ha pasado a la historia. Ya comprendimos que esto del amor es más bien una relación en la que dos crean magia con el amor propio que comparten. ryan Pau Ocariz

A mi compañero de vida

Quizá no es fácil encontrar, entre tanta gente,  a alguien como tú. Quizá ni siquiera se trata de encontrarnos, sino de reconocernos. Quizá esto tomará poco tiempo, o quizá mucho. Pero no tengo prisa.

Con el paso del tiempo, personas han llegado y se han marchado de mi vida. Cada una trayendo alegrías, tristezas o dolor, pero todas dejándome lecciones que necesitaba aprender para llegar a ser lo que ahora soy: una mujer más libre, alguien que no quiere una pareja para cubrir el requisito social de estar acompañada o como se dice vulgarmente, “quedada”.

Estar sola me hace mucho bien, tengo todo el tiempo para mí, para consentirme, crear, viajar, estudiar y hacer todo lo que se me venga en gana. Sin embargo también tengo ganas de compartir, porque creo que tengo mucho para dar. Pero esta vez quiero un amor diferente a lo que ya he tenido antes.

He llegado a la conclusión de que quiero que seamos, primero que nada, los mejores amigos. Sí, quiero que seamos cómplices, que nos contemos sobre lo increíble de nuestro día, sobre los pasos que nos hacen falta dar para acercarnos más a nuestros sueños, sobre lo que nos hace sentir vulnerables, sobre nuestros recuerdos de cuando éramos niños, sobre nuestros miedos, sobre lo que nos pone tristes.

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Quiero que nos emocionemos cuando el otro logre algo por lo que ha luchado y quiero ser y que seas con quien los tiempos difíciles parezcan menos pesados.

Me gustaría que, de vez en cuando, nos olvidemos de que somos adultos y hagamos bobadas, como ponernos de simples, salir a mojarnos en un día lluvioso o bailar en algún lugar de la casa. Me gustaría que viajáramos juntos a muchos lugares de México y el mundo, que cuando parezca que estamos cayendo en la rutina y en la monotonía, alguno de los dos tenga el valor de decirlo, para renovarnos y no volvernos grises como muchas parejas se vuelven.

Quiero que tengas tu vida y tu espacio, al igual que yo; que cada quien se sienta y, sobre todo, sea libre dentro de la relación. Que exista respeto y que no seamos dos mitades que hacen uno, sino dos personas completas haciendo un equipo. Quiero que estés en mi vida porque tú me aportas lo suficiente para seguir creciendo y porque yo hago exactamente lo mismo.

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Sé que vamos a tener momentos complicados en los que no nos sentiremos en la misma sintonía, en los que tal vez uno o ambos estaremos a punto de rendirnos, en los que necesitaremos que el otro sea el que dirija el barco. Sé que habrá días en los que tú estés de mal humor o yo pierda la paciencia o instantes en los que tus manías me aturdan y mi desorden te canse o en los que nos lastimemos sin querer. Quizá habrá momentos de enfermedad y de dolor, pero confío en que la amistad y lealtad serán más fuertes y nos ayudarán a vencer las malas rachas.

Te pido, por favor, que nunca me des por segura. Yo me comprometo a hacer lo mismo contigo. La gente suele dar por hecho que el otro siempre estará y así es cuando el amor comienza a morir y a convertirse en costumbre. Luchemos para que nunca se acabe la pasión, los detalles ni la conquista mientras estemos juntos, porque nunca sabemos hasta dónde se termina la eternidad.

Sabes, soy una de esas personas safadas, ocurrentes, impredecibles y prometo hacerte reír un montón. También soy de las que cuando se entregan de verdad, lo hacen en cuerpo y alma. Yo te voy a aceptar tal cual eres, sin pretender cambiarte, pero pido lo mismo de tu parte, porque yo no creo en el dar sin esperar recibir. Todos, si damos amor, esperamos tener amor de vuelta.

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No sé si seas mi compañero de vida o de una parte de mi vida, pero deseo un amor bonito, un amor maduro, un amor sano, un amor fuerte, un amor que no duele, un amor de colores, un amor que siempre nos ayude a ser mejores. Ese es el amor que quiero tener contigo.

Pau Ocáriz