Mi Verdad

Si una mujer sana, toda una generación entera de mujeres, sana.

Yogui Bhajan

Hoy por la mañana platicaba con un amigo acerca de lo que uno puede llegar a cambiar en un año. Él me decía que ahora es una persona totalmente distinta y yo le comentaba algo similar.

Tuve que vivir momentos difíciles para llegar hasta donde estoy ahora, para sentirme como me siento hoy. Hace un año, cuando pasaba por la depresión de haber terminado mi relación de pareja y de regresar de Dublín, lo único que sabía era que el tiempo lo curaría todo y que iba a salir de esa. Así fue que me comprometí conmigo misma a escarbar en cada rincón de mi ser para descubrir por qué me sentía tan vacía, por qué llevaba ya varios años involucrándome en relaciones tóxicas, por qué tomaba más de la cuenta los fines de semana, por qué estaba tan harta de todo y nada cambiaba.

Hoy ya no soy la chica que se la vive de antro cada fin de semana o la que tiene que ir a todas las fiestas “nice” de la ciudad. Tampoco soy más la chica que gasta toda su quincena en ropa, maquillaje e imagen personal, ni la que se clava con hombres coquetos, borrachos, o conflictivos. Hoy ya no me siento vacía y hoy he aprendido a poner límites y a valorarme. Pero esto no fue de la noche a la mañana y aún así, cada día sigo trabajando en mi interior más y más.

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De acuerdo a esto que les platico, soy total creyente de que atraes lo que se parece a ti y el destino me topó con Coral Mujaes. Al leer mi post Alma Gemela en el muro de uno de sus amigos, me contactó, platicamos un poco acerca de lo que hacíamos, por qué lo hacíamos y sobre los proyectos de cada una. Además, nos hicimos buenas amigas. La admiro un montón, es de esas personas que tienen un magnetismo increíble y que te empujan a hacer las cosas y a luchar por tus sueños. Ella tuvo bulimia hace algunos años y tenía otras adicciones, pero se recuperó ¡cómo no admirar a alguien que se aferró a tener una vida mejor!

Ahora tenemos un sueño en común y es el que muchas mujeres nos acompañen al taller que Coral dará en mi ciudad, Morelia, el próximo 19 de marzo llamado “Mujeres, Comida y Espiritualidad”. Y para que la conozcan, comparto uno de los post que más me gusta de ella, pues en él encuentro mucha fuerza y valentía.

Pau Ocáriz

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¿Qué se siente regresar a mi tierra?

Después de un año siete meses de ver con mis propios ojos una parte de todo aquello que alguna vez me contaron, de sentirlo, de vivirlo en carne propia, elegí, volver  a México por cuestiones profesionales y personales.

Tras recuperarme de lo que conlleva el “jet lag”, de consentirme un poco con aquello que no era posible en otro continente y de estar pasando por el proceso de readaptación, es curiosa la reacción de algunos miembros de la familia, amigos y conocidos.

Mientras unos me preguntan por mis viajes y sonríen al tiempo que imaginan lo que les cuento sobre Italia, Marruecos, Bélgica, España o Irlanda, hay quienes expresan “¿pero por qué regresaste a México?”, “¿ya te quedarás aquí por siempre?”, “¿qué se siente volver?”;  otros más preguntan qué pasó con el novio casi esposo y no falta quienes me aseguran que me va a ir excelente y  me dicen en un tono muy verosímil que me veo bien. A todos se les agradece tanta buena vibra.

Si soy sincera, a veces, ni yo misma tengo la respuesta a muchas preguntas.  Llegar al que fue mi hogar por 27 años tras experiencias tan profundas, tan distintas a lo que había vivido antes y tan transformadoras es complejo de asimilar y lo único que sé es que con la locura que habita en mi interior, en algún momento de la vida se me ocurrirá emprender algo parecido.

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Sin embargo, llegar a México se siente un tanto extraño después de poco más de año y medio de vivir en el país de los hermosos paisajes verdes; del trébol de la suerte, los borregos y de San Patricio; de los pubs en cada esquina en donde siempre, las preguntas obligatorias cada que conoces a alguien son “¿de dónde eres?” y “¿cuánto llevas viviendo aquí?”; de las pintas de Guinness, de los martes y domingos de Dicey´s Garden en Dublín en donde todo es muy barato y te encuentras a viejos amigos;  del lugar del whisky de doble destilación que se toma en las rocas, a veces caliente y otras con café;  del fuerte viento y la lluvia inesperada; del sitio en donde cambias tus planes de un día para otro sólo por el milagro de sentir los rayos de sol; de donde encuentras gente tan amable y cálida y extranjeros buscando sueños o remediando males del alma o el corazón.

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Volver a México, se siente también como un bálsamo después de dejar de darme ciertos gustos para poder pagar la renta, comer o ahorrar para viajar y descubrir otros lugares. Hay un sentimiento extraño después de estar acostumbrada a cocinar día a día para mí y para alguien más y de haber probado la independencia. Estar en el país donde nací se siente seguridad después de ingeniármelas para conseguir empleo hablando otro idioma y haber sido desde mesera hasta locutora, se siente tranquilidad luego de haber aprendido que la vida cuesta, pero que luchando todo se puede.

Después de un mes de pisar mi tierra se siente cansancio durante el día a consecuencia de despertar todas las noches porque extraño a quien compartió conmigo desde el amanecer hasta el anochecer su tiempo durante todo un año; se siente echar de menos a los amigos que se vuelven tu familia, que hablaban de planes de viajes y de lo difícil que a veces puede ser vivir lejos de los tuyos.

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Se siente que hace falta caminar más, pero se sienten los calurosos rayos del sol todos los días. Se siente la alegría y amabilidad de la gente; se escucha el hermoso español y el mariachi y se disfrutan los tacos, los chilaquiles, el agua de sabor, los chiles en nogada, el picante, el tequila, el mezcal y cualquier delicia gastronómica. Se siente que no ha cambiado nada con los verdaderos amigos y que ellos, a pesar de haber seguido su vida, allí están.

El sentido del gusto opina que debería haber más rúcula y queso feta. Quizá también un poco más de cerveza y vino internacional a un precio más económico por aquello del antojo. Se siente que debería haber un poco más de orden en todos los sentidos y se siente que se necesita de más gente que se atreva, que venza sus miedos,  que le guste leer, estudiar e investigar más y sea más responsable de sus acciones para tener un país mejor, de gente más tolerante, más sensible con el prójimo y menos violenta.

Estar en Morelia, después de 1 año 7 meses se siente divino al ver la majestuosa Catedral y al abrazar a la gente que trabaja sinceramente por mi ciudad, pero también se siente tristeza e inseguridad al ver policías dando rondines por todas partes cuando la verdad es que deberíamos ser tan libres y sentirnos en paz para no prescindir de ellos;  se siente impotencia al ver el desempleo, los bajos salarios y el miedo y el descontento de los ciudadanos desde que mandaron al comisionado Castillo.

Morelia

Estar en México se siente frustración al ver que todo es más caro y que toda la élite política carece de credibilidad, se siente duda sobre lo que se avecina en los próximos años con un Presidente que ni siquiera tiene un buen equipo de trabajo que le apoye en mejorar su branding personal y al que la mayoría no quiere y tacha de estúpido, haga lo que haga.

Se siente la discriminación, el elitismo y la desunión de los grupos sociales, pero también se siente que existen personas e instituciones que aún creen que se puede y luchan desde su individualidad para ser mejores y así contagiar a los demás.

Estar en México me hace sentir alegría, porque a mi país siempre lo llevo en el corazón, porque es único y lo tiene todo para ser un mejor lugar. Me hace sentir también en libertad porque aquí no necesito tener una visa estampa cuatro para poder dedicarme a lo que me apasiona y porque quiero aportar algo de todo lo que he aprendido del otro lado del mundo para que mi país crezca.  Estar aquí me hace sentir fuerza y entusiasmo, me hace sentir que hay que empezar desde hoy porque hay mucho por hacer para que mi tierra brille con toda la intensidad que merece.

Pau Ocáriz