Confesiones treintañeras: 3 razones para no tener novio.

Tengo 29 años y, en pocos meses, seré una orgullosa y feliz treintañera. Sin embargo, como suele sucedernos a los que atravesamos el tercer piso, últimamente me pasa que he comenzado a  reflexionar meticulosamente sobre cada aspecto de mi vida: lo que creo que he hecho mal, lo que creo que he hecho bien, lo que debería cambiar, lo que quiero, lo que ya no quiero  y entre tanto analizar, también me ha dado por cuestionar todas mis creencias, muchas de ellas relacionadas con las relaciones de pareja.

Sinceramente, he sido muy noviera. Desde mis 13 años hasta el día de hoy he tenido ocho novios. Con muchos de ellos he tenido relaciones sanas e increíbles, por lo que sé lo que es que dos personas se acepten, se respeten y se amen. Sin embargo, en los últimos años (inconscientemente) me dio por experimentar todo lo opuesto, así que, después de haber experimentado de todo un poco he entendido que una vida tranquila y “aburrida” es mucho mejor que una llena de dramas. Eso me ha llevado a varias determinaciones, por ejemplo, si considero que un hombre no me trata como creo que lo merezco,  se lo digo y, si persiste en su conducta,  automáticamente, me alejo de él. De igual manera, para decidirme a comenzar una relación con alguien no basta con que me guste y sienta mariposas en la panza, ahora sé que debo darme el tiempo de conocerlo más y de idealizarlo menos.

Este intenso análisis de mi vida, coincidió con un fenómeno bastante peculiar. Mucha gente a mi alrededor comenzó a hacerme preguntas sobre las razones por las cuales no tenía pareja. “¿Pau,  no has considerado que ya es tiempo de tener una relación?”, “Pau ¿no te da miedo quedarte sola y no casarte?”, “Pau, ya pasó más de un año, supéralo.  Deberías darte ya una oportunidad”.

Tengo que confesar que la opinión de los demás me hizo cuestionar mis creencias y a pensar en la posibilidad de estar equivocada con respecto a mi decisión de no querer un novio en este momento. “Quizá soy rara o ¿no habré superado ya mis traumas de la infancia?”,  “tal vez son los traumas nuevos…¿estoy traumada?”,  ¿o sí soy muy muy muy rara?”, me dije a mí misma, pero luego recordé  que tengo cientos de amigas y amigos aquí en México y alrededor del mundo que rondan la misma edad  y no siguen al pie de la letra con el mandato social.

 

IMG_20160120_080156

 

Fue entonces que empecé a sentirme bastante incómoda y como ya sabrás, “lo que te choca te checa”. Sentía un peso en el corazón y,  como suele suceder cuando hay algo que me causa tensión, aparecieron mis achaques: colitis, gastritis, dolor de cabeza, dolor de espalda y ganas de llorar. Algo andaba mal, pues el cuerpo grita lo que el alma calla y me estaba diciendo que aún había basura emocional adentro, así que me conecté conmigo misma durante varios días y, después de una semana de sentirme mal, por fin di con la causa y me sentí libre. De esta manera es como te comparto mis 3 razones para no tener pareja que, estoy segura son las mismas que las de muchas mujeres:

#3 Quiero disfrutar de mí misma

Luego de dieciséis años de tener novio tras novio (con breves descansos no mayores a 9 meses) y un año de separarme de alguien con quien viví 10 meses y de atravesar por un proceso de duelo en el que aprendí  muchísimo de mí misma, debo decir que me encanta disfrutar de mi soledad o, mejor dicho, de mi propia compañía. Me encanta darme el tiempo de leer todos los días, de estudiar una especialidad, de hacerme cargo de mi negocio, hacer ejercicio, meditar, escribir en mi blog, escribir mi libro, crear nuevos proyectos, disfrutar de mi familia y amigos, quedarme en casa de ociosa si quiero y seguirme conociendo más profundamente. Digamos que me encanta esta etapa porque quiero estar sola y conocer bien a mi nueva yo, disfrutarla y consentirla sin pensar, por el momento en alguien más.

#2 He decidido elegir a mi próxima pareja conscientemente.

Es decir, que no quiero elegir a mi compañero solo por sentir mariposas en la panza o elegirlo con mi niña herida. Prefiero una relación que inicie tranquilamente, en la cual él y yo nos dimos el tiempo de conocernos como amigos, sin poses, no una relación que surja apasionadamente y se vuelva una montaña rusa o se extingan las mariposas y dudemos de si se ha acabado el amor. Para mí, la percepción de novio ha cambiado. No necesito un novio para ser feliz, para que llene mis vacíos o para decirle al mundo que alguien me ama. Yo decidiré ser la compañera de alguien porque complementa y le aporta a mi vida y porque me sentiré libre de ser yo a su lado y viceversa.

Y la principal razón es:

#1 NO ESTOY LISTA

Lo escribo con letra mayúscula porque me sentí liberada cuando pude reconocerlo. Me causaban tanta presión las opiniones de la gente acerca de que ya debería salir con alguien o animarme a tener una pareja (como si elegir una pareja fuera elegir zapatos), que comencé a tratar de convencerme de que debía intentarlo, lo cual empeoró las cosas, porque, como decía Carl Jung  “lo que niegas, te somete y lo que aceptas te transforma” y allí estaba yo odiando cada invitación de algún hombre para salir y enojándome cada vez que algún pretendiente me buscaba, simplemente para platicar y, por otro lado, pensando que ya debería darme la oportunidad porque si los demás me lo decían, seguramente tendrían algo de razón.

Sin embargo, en el momento en el que acepté mi miedo y vulnerabilidad y me traté con cariño, acepté que no estoy lista, que aún tengo cosas qué sanar y que voy a mi ritmo. Cualquiera que haya vivido con un alcohólico sabrá que repararse toma su tiempo.

Por otra parte, reafirmé mi creencia de que uno no atrae lo que quiere, sino lo que uno es y que si quiero a un hombre a mi lado tal como lo tengo descrito en mi cuaderno de pensamientos, debo convertirme en lo mismo y yo, aún sigo sanándome. Tengo días de gran alegría y creatividad y en los que me siento la dueña del  mundo y tengo otros días en los que pago el precio de un intenso dolor temporal a cambio de trabajar en sanar las heridas que aún siguen abiertas, porque quiero ser la mejor versión de mí misma.

 

me

 

Pau Ocáriz