Confesiones treintañeras: Y los hijos ¿para cuándo?

Llegaron los treinta y no sucedió nada drástico. La vida ha seguido su curso normal con la diferencia de que cuando me preguntan mi edad sonrío y contesto “tengo treinta”, tengo la fortuna de que mi interlocutor diga: “¿de verdad? te ves más joven”.

A pesar de que ninguna crisis treintañera ha llegado a mi vida después de mi cumpleaños, debo reconocer que, meses antes rondo por mi cabeza todo ese rollo de la maternidad. Ya saben, nunca falta la amiga que te dice “es increíble tener hijos, ya deberías animarte”, a lo que respondo “seguro que es divino, pero deja alcanzo el equilibrio financiero al que quiero llegar, cumplo algunos objetivos profesionales, tengo una relación estable y quizá hablamos de eso. Ah sí faltó mencionar  el viaje a Australia o de vuelta a Europa que también tengo pendiente”.

Sinceramente, en este momento de mi vida soy muy feliz sin hijos y pensarlo aún no me provoca emoción, pues todavía tengo planes antes de dar vida. Soy de la idea de que si decido, con mi pareja, traer al mundo a un ser humano quiero traerlo en las mejores condiciones posibles:  cada uno completamente pleno, una relación en muy buenas condiciones y una capacidad económica para cubrir todo lo que requiere una persona.

Sin embargo, cuando una tiene treinta o se acerca a la edad, a muchas nos comienzan a llegar a la cabeza pensamientos tales como: “solo tengo cinco años para embarazarme y no tengo pareja”, “¿y si el siguiente hombre que elija como novio, no es el definitivo? Quizá voy a echar a perder mi tiempo para elegir a alguien con quien sí puedo pensar en hijos”,  “¿en verdad quiero tener hijos o es solo la presión social?”, “¿qué pasa si no los tengo?”, “si cerca de los 35 aún siento que no he encontrado a alguien con quien formar una familia, puedo congelar mis óvulos o quizá podría ser mamá soltera”.

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En verdad que si nos dejamos llevar por la presión que nosotras mismas nos ejercemos, esto puede convertirse en una pesadilla, sobre todo si no se tiene bien claro lo que se quiere. En mi caso, por algunos meses todos estos pensamientos estuvieron retumbando en mi cabeza, lo cual me obligó a reflexionar al respecto y analizar si  esa voz interna que apareció estaba exagerando, era normal o tenía toda la razón.

El mundo nos marca un estilo de vida ideal que deberíamos seguir. Es simple: naces, creces (vas a la universidad, trabajas, te enamoras, te casas), te reproduces y mueres. Sin embargo, lo que hace interesante las cosas es que no necesariamente debemos hacer lo que dicta el mundo. Cada quién puede seguir su vida de la manera que mejor le parezca, somos libres.

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Hoy en día, habemos muchas que no encajamos con esa vida “ideal” que nos han presentado y  ser diferente es lo que genera el conflicto. Pero ¿qué caso tiene seguir con lo establecido si no vas a ser feliz?

Como soy de las que, a pesar de mis treinta años, aún no estoy segura de si quiero hijos o no, para dejar de atormentarme con todo esto, decidí una cosa muy sencilla, pero difícil de asumir: “que pase lo que tenga que pasar”. Así es que opté por vivir el presente, dejando de preocuparme si la pareja que tengo será el papá de mis futuros hijos y dejando de imponerle ese papel, simplemente dejando que todo fluya. Dicen que “cuando te toca, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”.

Y si no me toca tener hijos, tengo una vida demasiado feliz y llena de sueños para acabármela yo solita, rodeada de amigos y de gente que amo y que me ama.

Pau Ocáriz

 

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